Algún día una chica me dijo que la verdadera revolución feminista estaba en el uso de la copa menstrual. Por supuesto, pensé que exageraba. Ahora, ya no estoy tan segura del descrédito que sentí en aquel momento. La copa menstrual ha sido un oasis en medio de un proceso natural por el que pasamos todas las mujeres y del que he tenido desde experiencias intrascendentes hasta las más vergonzosas de mi vida.

Vamos, la menstruación es protagonista de varios momentos de la vida de una mujer como cuando alguien por la calle te señala la enorme mancha que traes en los pantalones o el rastro de sangre sobre el sillón favorito de la mamá de tu novio. Pero también está el placentero momento en el que en el intercourse todo fluye como nunca, o ese olor particular que a algunas nos fascina.

Pues bien, la menstruación es un tema vedado en el mundo. Ahí están los comerciales de Saba y Tampax promoviendo los productos de higiene femenina con chicas que tienen una piyamada mientras animadas, supongo yo, por la ausencia de cólicos en su periodo, se ríen y brincotean en poca ropa. Después tenemos a una Bárbara Mori, quien luce jovensísima y nos invita a usar una toalla que tiene el tamaño de un cubre albercas de cualquier casa de Cuerna. El color rosa o morado presente por todos lados porque son las tonalidades que nos gustan a nosotras, las damitas.

Todo en orden, todo para que la industria de los productos de higiene femenina siga su curso. Así, con los años y después del primer período, uno se acostumbra a la incomodidad, a las manchas, a los olores repulsivos, a que la sangre se coagule en el vello púbico, a perder el tampón en la inmensidad del útero, a nadar con precaución, a no sentarse sobre la cama después de bañar, a no saber cómo y qué músculos componen sacro santa sea la parte, a tener muchas preguntas y pocas respuestas sobre la menstruación.

La copa menstrual, la verdadera revolución femenina, arte: Fernanda Gavito

Hay opciones que resuelven todos estos inconvenientes. El nombre de la alternativa: copa menstrual. Sí, hay ya un montón de textos que hablan sobre este tema ya bastante viejo (las primera copas se diseñaron a finales de los sesenta), sin embargo, me parece importante recordarlo dado que hace un par de semanas la Cofepris aseguró que dicho adminículo no estaba autorizado por ellos y dejó implícito que quién sabe qué daños o perjuicios pueda causar el uso de estas copas de látex.

Llevo usando la copa más de dos años. Y mi experiencia mensual ha sido otra: la menstruación no huele feo, no se tiene por qué coagular en el vello púbico. No tienes por qué llenar tu bote de basura de toallas y productos de baja potencialidad biodegradable. La copa menstrual tiene la capacidad de aguantar todas las cargas del día más intenso. Te la pones de inmediato después de salir de la ducha y tan tan, ni te acuerdas de que estás reglando. Pero para mí lo más importante es que tienes que tocarte con frecuencia, sentir las paredes de la vagina, hacer movimientos de kegel para sacarla, fortalecer la base pélvica y, por lo tanto, el placer en la cama, observar la verdadera consistencia de ese líquido que es la menstruación y que ha sido creado por tu cuerpo. Una experiencia interesantísima y a un costo irrisorio a comparación de lo que gastamos en toallas y tampones.

En Canadá hay un debate intenso sobre si los productos para la higiene femenina deben tener impuestos porque, finalmente, resuelven un tema que es inherente a los procesos biológicos propios del cuerpo de una mujer. Quién sabe en qué acabe esta discusión, lo cierto es que una copa de látex no solo ayuda al planeta sino a tu economía porque se puede usar hasta por cinco años.

Para muchas mujeres el cambio de paradigma es complejo: les duele, les molesta, creen que no les cabe, o la pierden en la inmensa cavidad pélvica. Creo que todo es cuestión de actitud y, sobre todo, de querer conocer más sobre una misma. Yo ahora soy experta en sacar la copa para limpiarla: dos movimientos de Kegel y ya la tengo en la mano, ¡podría ser una matrona de copas menstruales!.  En fin, a lo que sin duda ya no estoy dispuesta, es que en estos años que me quedan de fertilidad, mi olfato sea mancillado por el asqueroso olor de una toalla sanitaria Naturella con olor a Manzanilla recién usada, ¡puaj!

texto: Maira Colín/ @MairaDeal

ilustraciones: Fernanda Gavito/ Fashion ID